El ransomware es una de las amenazas más graves a las que se enfrentan actualmente las pequeñas y medianas empresas. Este tipo de ataque consiste en bloquear el acceso a los sistemas o a los datos de la empresa mediante un cifrado, exigiendo posteriormente un pago para poder recuperarlos. En muchos casos, la empresa se queda completamente paralizada desde el primer momento.
Existe la creencia de que solo las grandes corporaciones son objetivo de este tipo de ataques, pero la realidad es justo la contraria. Las pequeñas y medianas empresas suelen ser un blanco frecuente porque, en general, cuentan con menos medidas de protección y menos recursos dedicados a la seguridad informática. Esto las convierte en objetivos más fáciles.
Un ataque de ransomware no solo impide el acceso a los archivos de trabajo, sino que puede detener por completo la actividad diaria. Los empleados no pueden trabajar, los sistemas dejan de funcionar y se pierden horas o días de productividad. En muchos casos, el impacto económico es inmediato y difícil de asumir para empresas pequeñas.
Además del daño operativo, el ransomware puede afectar a la confianza de clientes y proveedores. Si se producen retrasos, pérdidas de información o interrupciones en el servicio, la imagen de la empresa se ve seriamente dañada. Incluso aunque se recupere el acceso a los datos, el impacto reputacional puede mantenerse en el tiempo.
La prevención es clave frente al ransomware. Mantener los sistemas actualizados, realizar copias de seguridad periódicas y fomentar buenos hábitos digitales reduce de forma considerable el riesgo de sufrir este tipo de ataques y permite a la empresa reaccionar mejor ante posibles incidentes.

