Muchos problemas de ciberseguridad no se producen por ataques sofisticados, sino por errores cotidianos dentro de la propia empresa. La falta de control y de hábitos adecuados suele ser uno de los principales factores de riesgo en el entorno empresarial.
Uno de los errores más habituales es no mantener los sistemas y programas actualizados. Trabajar con software obsoleto deja abiertas vulnerabilidades conocidas que pueden ser aprovechadas con facilidad, poniendo en riesgo la información y el funcionamiento de los equipos.
Otro fallo frecuente es permitir la instalación de programas sin ningún tipo de supervisión. Aplicaciones innecesarias, herramientas de prueba o software de origen dudoso pueden introducir riesgos que afectan tanto a la seguridad como al rendimiento general de los sistemas.
También es común no gestionar correctamente los accesos. Cuentas compartidas, permisos excesivos o accesos que no se eliminan cuando un empleado deja la empresa aumentan las posibilidades de incidentes.
Evitar estos errores no requiere grandes inversiones, sino una gestión más responsable y organizada del entorno informático.

