Proteger los equipos informáticos de una empresa es una parte fundamental de la ciberseguridad y, sin embargo, muchas organizaciones no le dan la importancia que merece. A menudo se piensa que con tener un antivirus instalado es suficiente, cuando en realidad la protección de los equipos va mucho más allá.
Los ordenadores de una empresa contienen información crítica y son herramientas esenciales para el trabajo diario. Si uno de estos equipos se ve comprometido, no solo se pone en riesgo la información almacenada, sino también la continuidad de la actividad. Un fallo en un solo equipo puede afectar a otros sistemas y generar problemas mayores.
Una de las medidas más importantes es mantener los sistemas operativos y los programas actualizados. Las actualizaciones corrigen errores y vulnerabilidades que, si no se solucionan, pueden ser aprovechadas por atacantes. Trabajar con software desactualizado aumenta innecesariamente el riesgo de incidentes de seguridad.
También es clave controlar qué software se instala en los equipos. Permitir la instalación libre de programas puede introducir aplicaciones innecesarias o de origen dudoso que afectan tanto a la seguridad como al rendimiento. Una gestión controlada del software ayuda a mantener los sistemas estables y seguros.
La gestión de accesos es otro aspecto fundamental. No todos los usuarios necesitan los mismos permisos. Limitar el acceso a determinadas funciones o datos reduce el impacto de posibles errores humanos o accesos no autorizados.
Además, realizar copias de seguridad periódicas y almacenarlas correctamente permite recuperar la información en caso de fallo, ataque o error. Esta medida sencilla puede marcar la diferencia entre un problema puntual y una situación crítica para la empresa.
En conjunto, aplicar estas medidas básicas de forma constante crea un entorno de trabajo más seguro, reduce riesgos innecesarios y permite a la empresa utilizar sus equipos con mayor tranquilidad y confianza.

